Dossier: Homenaje a Fernando de Mora Carbonell (I)

El 17 de noviembre se cumplen 40 años del concierto y homenaje a cargo de todas las entidades musicales a quien fuera director de La Primitiva entre 1939 y 1974, Fernando de Mora Carbonell

PMB

 Tal como aparece en el dossier sobre el Teatro Circo, dicho concierto-homenaje se celebró  el 17 de Noviembre de 1974 y contó con la colaboración de los directores de las tres bandas de Alcoy (Jaime Lloret por La Primitiva, José Almería por La Nueva y Antonio Mompeán por La Unión Musical); de la Coral Polifónica Alcoyana y Orquesta Sinfónica, Gregorio Casasempere Juan; y de la Armónica Alcoyana, Vicente Jordá. Con motivo de esta efemérides, recuperamos una entrevista muy exhaustiva realizada por el ahora mediático José Calabuig y que apareció publicada en el “Ciudad” del 12 de noviembre del mismo año, la cual nos servirá para conocerle en profundidad a los que no tuvimos esa suerte y también estudiar una parte de la historia de nuestra banda en la controvertida época de la España franquista.

D. FERNANDO DE MORA CARBONELL

Toda una vida dedicada a la música

Sesenta y cinco años con, por y para la banda Primitiva

 Apolo, siete y media de la tarde. Bajamos la empinada escalera que nos ha de conducir al salón donde ensaya la banda Primitiva, y nuestros pasos van marcados por el monótono decir de un clarinete que repite, una y otra vez, diversas escalas. Buscamos a Fernando de Mora Carbonell, el hombre y el músico, el músico y el hombre… dos conceptos que van íntimamente ligados en muchos años de vida.

– ¿Don Fernando de Mora?.

 Y nos indican el local contiguo, el de la filà Abencerrajes.

– Buenas tardes, Don Fernando.

– ¡Hombre, amigo Calabuig! ¿Qué tal? Com va vosté?.

– ¿Y usted, maestro? ¡Siempre con la música…!

– Esto es mi vida, ya lo sabe…

– Por supuesto, maestro, por supuesto.

Fernando de Mora Carbonell en un momento de la entrevista (Foto: Valero)
Fernando de Mora Carbonell en un momento de la entrevista (Foto: Valero)

 Apolo, siete y media de la tarde. Vamos a intentar algo que, a priori, nos parece imposible: resumir setenta y siete años en unas pocas cuartillas. Pero vamos a intentarlo, claro está. La vocación de don Fernando de Mora, hoy que este concepto anda de capa caída, bien que la merece por sí sola. Pero si esta vocación ha estado, además, por una voluntad de servicio, y el servicio ha sido de entrega total y absoluta a unos fines, entonces, ¿quién se resiste a intentarlo? ¿Quién, díganme no anda deseoso de hurgar  un poco en años idos? Y cuando todo ello está ya plasmado en una leve bloc de notas. ¿quién no se siente capaz de enfrentarse a las cuartillas en blanco para proclamar a los cuatro vientos de la hoya lo que este hombre ha sido, es y será para la música alcoyana? A ello vamos.

– ¿Cuándo nació usted, don Fernando?

– El 7 de septiembre de 1897.

Su memoria es prodigiosa. En bastantes ocasiones a lo largo de la entrevista hemos tenido que hacer marcha atrás para añadir conceptos que se habían escapado al hilo de la cuestión.

– ¿Eran muchos hermanos?.

– Nueve. Yo el mayor. Ahora quedamos tres: dos chicas y yo.

– ¿Dónde vivían sus padres?.

– En la calle de San Gregorio, 10. En 1905, pasamos a Santa Rita, número 1, y después pasamos al número 20. Posteriormente a la calle del General Sanjurjo, de donde salí para casarme.

– ¿En qué trabajaba su padre?.

– Era oficial de la confitería El Campanar.

– ¿Y usted siguó sus pasos?.

– En un principio sí.

– Pero volvamos atrás, don Fernando. ¿Recuerda a qué escuela iba usted de pequeño?.

– La primera fue una que había en el Parterre, con un maestro llamado Don Antonio. Recuerdo que a los cuatro años ya pasaba yo el “Manuscrito de Flores” y es que mi padre se había interesado para que, desde muy pequeño, me enseñara a leer y escribir. Hay a este respecto una anécdota bastante graciosa.

– Cuente, don Fernando.

– Fuímos a lo que hoy es la Librería Llorens (También librería entonces) y buscamos el mencionado “Manuscrito de Flores”. Cuando lo vi, le dije a mi madre: “Mare, eixe és, eixe”. “Pero, ¿para quién es este libro?”-preguntó el dueño-. Cuando le dijimos que para mí, no se lo creía. Y hasta tal punto era así que me hizo leerlo…

– ¿Era usted revoltoso de chaval?.

– No. En absoluto. Creo que siempre he sido un buen chico. Muy sensible. Recuerdo que mi madre me leía a veces historias algo emotivas y yo no podía evitar que las lágrimas acudiesen a mis ojos. Siempre, creo recordar, he sido un buen chico.

– ¿Cómo tomó contacto usted con la música?

– Un músico de la banda del Regimiento daba lecciones a un vecinito mío, y mi padre, que era un forofo de la Sociedad de Socorros Mutuos “El Trabajo”, donde había una banda, me pregunto si quería estudiar solfeo. Le contesté que sí y con don José Seva Cabrera aprendí las primeras lecciones y a tocar el flautín.

 Sentado ya el principio, hemos de añadir que después del tal don Antonio, nuestro personaje tuvo por maestro a don Arsenio Olcina Sempere, en la escuela que había en Artes y Oficios. Allí estuvo hasta los ocho años, pasando luego a trabajar en la confitería El Campanar, junto a su padre.

– ¿Y en el aspecto musical?.

– En 1904 se deshizo la banda del Trabajo. Hubo posteriormente un período de inactividad y en 1907 (recuerdo la fecha porque ese año murió un hermano mío) mi padre me preguntó de nuevo si quería seguir estudiando música. Al ser afirmativa la respuesta, pues era algo que llevaba muy dentro, mi progenitor se hizo socio de Apolo. Don Antonio Pérez Verdú. director entonces de la banda de aquí, me dio las primeras lecciones de clarinete.

El hombre y el músico. El músico y el hombre, siempre unidos. Tres años después de su ingreso en El Campanar, don Fernando de Mora pasa a otra confitería, La Nueva, y de allí ya entra en lo que sería su oficio hasta la jubilación: tejedor.

– Cuarenta y ocho años he estado -nos dice- en la fábrica de don Santiago Blanes Santos, en la partida del Molinar. Toda la vida…

 Y toda la vida, músico; alternando, primero, el monótono cantar de la lanzadera con el del clarinete, que llegó a tocar como los ángeles, y después con el de toda la gama del metal, que conoce muy bien. Don Fernando de Mora, que al inicio de la charla había interrumpido la copia de unas partituras de don Camilo Pérez Laporta, sigue contándonos retazos de su vida.

– En 1909 me cogió uno de los mejores maestros que he tenido, don José Camillieri Yuste. El que me enseñó a frasear la música, a cantarla, a darle corazón.

– ¿Y qué otros maestros han obrado en usted una influencia grande?.

– Don Camilo Pérez Laporta, con quien aprendí lo que quedaba de solfeo (recuerdo que le pagábamos seis reales al mes cada uno de los educandos), teoría y armonía; un tal Masanet, que tenía una zapatería enfrente de El Túnel, que me enseñó el fagot, y en fin, todos los directores que he tenido.

– ¿Han sido muchos?.

– Anote: Don Antonio Pérez Verdú (1909-13); Camilo Pérez Laporta (1913-17); Julio Laporta Hellín (1917-28); Camilo Pérez Monllor (1928-33); Emilio Gutiérrez Félix (1933-34); Julio Laporta Doménech (1934-35), y Vicente Claver Soriano (1935-36). Después de la guerra, ya me hice cargo yo de la banda.

Los alumnos hacen entrega de una fotografía conmemorativa a Mora Carbonell
Los alumnos de la escuela de Bellas Artes regalan una fotografía conmemorativa a Mora Carbonell (Foto: Carlos Coloma)

– Y la academia, ¿cuándo la abrió?.

– En 1922, siendo director Julio Laporta.

Llegados a este punto se hace necesario el paréntesis. Un paréntesis importante dentro de la trayectoria que une, indefectiblemente, a don Fernando de Mora con La Primitiva, llamada así al surgir La Nueva: sus alumnos. Encendemos el segundo cigarrillo de la charla. El maestro hace memoria…

– ¿Cuántos habrán pasado por sus manos?.

– Mare de Déu…Tal vez si le dijera tres o cuatro mil me quedaría corto… Muchos.

– ¿Recuerda a los primeros?.

– Luis Mataix, Copérnico Pérez, Rafael Pastor y uno que murió en la guerra: José Abad…

– ¿Quiénes son los que más han destacado?.

– Sobre todos, Amando Blanquer, un músico excepcional como se ha demostrado posteriormente. A Amandito lo he querido y lo quiero mucho. También están Emilio Llácer “Regolí”; Santiago Cantó, que es violoncello de la Orquesta Municipal de Valencia; José María Valls; el director actual de La Nueva del Iris, José Almería; Vicente Ivorra, músico de la Unión Musical de Educación y Descanso y director de las bandas de Tibi y Torremanzanas, y un largo etcétera, sin olvidar, por supuesto, a Jaime Lloret, el actual director de La Primitiva que yo llevo en el alma.

Poco a poco notamos cómo van llegando los miembros de la banda. Creo intuir que hay ensayo. Don Fernando me dice:

– Están trabajando mucho. Quieren que todo salga perfecto el día de mi homenaje, y así va a ser. Se han volcado en cuerpo y alma. Gracias.

– ¿Ha tenido usted penas en la música?.

– No. En absoluto. Ella sólo me ha dado satisfacciones.

– ¿Y cuáles han sido las más grandes, maestro?.

– Yo diría que los premios conseguidos en los distintos certámenes. Hemos concurrido a varios y en todos ellos hemos obtenido algún galardón. Es más: en uno concedido en Valencia nosotros nos colocamos en la sección especial, y fue tan ajustada la interpretación que nos subvencionaron con tres mil pesetas (imagínese lo que eso representó en 1946), a pesar de no tener premio. Posteriormente el alcalde de la capital del Turia le escribió al de Alcoy, don Miguel Matarredona, diciéndole cómo había gustado en Valencia la banda Primitiva.

 

Pasacalle presentación uniformes en 1973 con Mora carbonell al frente (Foto: Carlos Coloma. Archivo: Fototeca Municipal)
Pasacalle presentación uniformes en 1973 con Mora Carbonell al frente (Foto: Carlos Coloma. Archivo: Fototeca Municipal)

Si toda la entrevista es un puro suceder de recuerdos, ahora nos detenemos con especial deleite en lo que don Fernando de Mora va contándonos. Hechos y anécdotas que salen a colación en una etapa brillante de La Vella.

– Recuerdo también que en 1945 celebramos el centenario de la banda, aunque ésta existía desde 1820, ofreciendo un concierto en el que interpretamos las mismas obras que tocó La Primitiva en su primer concurso, celebrado en Alicante en 1889, más las de Valencia al que antes me he referido, y el resto obras de autores alcoyanos. Al final de la segunda parte, el alcalde puso una corona de laurel en la bandera y nos animó a seguir adelante, engrandeciendo por la música el pueblo de Alcoy. Ahí fue cuando nos decidimos a participar en certámenes, obteniendo, como le decía antes, notables éxitos en todos ellos.

– ¿Hay alguna anécdota de esos tiempos?.

– Sí. Recuerdo que en uno era obra obligada“Los esclavos felices”, que nos salía bordada. Yo no sé cómo, lo cierto es que por aquí pasaron “delegados” de otras bandas, que pensaban concurrir al certamen en cuestión, y al ver cómo la interpretábamos, desistieron de hacerlo. Eso, al menos, es lo que nos dijeron de Alicante.

– ¿Y qué pasó después?.

– Que nos dieron el importe del primer premio y, a cambio, ofrecimos un concierto en la capital de la provincia, precisamente el segundo que se daba en el auditorio de la Explanada.

El hombre y la música y la música y el hombre. Siempre…

– ¿Ha sido usted un director duro, don Fernando?.

– Algo de mal genio sí que he tenido.

El tercer cigarrillo marca la incursión en un tema que, mucho nos equivocábamos, o suponíamos que iba a ser emotivo en extremo… Antes, sin embargo, apuntemos que el señor de Mora fue objeto de un homenaje en 1959, con ocasión de cumplir sus cincuenta años de músico. Nos dice:

– Todo el Alcoy musical se volcó en aquella ocasión. Después he estado unos quince años más.

– ¿Qué opina de su homenaje, maestro?.

– Bueno…yo estoy…

 Casi no le salen las palabras.

– Créame: no quería que me lo hicieran. Y veo que todos son a trabajar, a colaborar. Ensayan, se matan por hacerlo lo mejor posible. Pienso que será maravilloso. Ellos son ya maravillosos. Todos…

 Y las palabras dejan paso a un brillo excesivo en los ojos de don Fernando de Mora que no podemos dejar de comparar a dos incipientes lágrimas que se asoman…

– Gracias, Calabuig, gracias a todos…

Ya no quedan palabras. Un fuerte apretón de manos -esas manos que han hecho brotar miles de notas, que han surcado el aire marcando el compás, que han trabajado duro en el telar y el arte- da paso a un emocionado abrazo en el que don Fernando y yo nos fundimos.

– Hasta el domingo.

No pudo responderme.

 

 Entrevista: José Calabuig

Periódico “Ciudad”, 12 de noviembre de 1974

 

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