Dossier: Homenaje a Fernando de Mora Carbonell (II): Un home, un clarinet, una batuta

El poeta Joan Valls y el escritor y periodista Rafael Coloma se unieron con sus colaboraciones al concierto-homenaje a Fernando de Mora

PMB

Fernando de Mora carboell en un momento de la entrevista (Foto: Valero)

Seguimos recordando y celebrando el 40 aniversario del concierto que se realizó el 17 de noviembre de 1974 en homenaje al director de la banda Fernando de Mora Carbonell en el desaparecido Teatro Circo. De Joan Valls reproducimos unos sonetos que compuso y dedicó a su figura y de Rafael Coloma un largo parlamento ensalzando toda su actividad al frente de la banda durante 35 años y que sirvió como prólogo al concierto. Finalizamos el recuerdo a su figura con una grabación histórica del “Krouger” de Pérez Laporta perteneciente al CD de 1968 “Ecos del Serpis”.

 

SONETS D’HOMENATGE A FERRAN DE MORA CARBONELL,

MÚSIC DE TOTA LA VIDA

                           I

 Un home, un clarinet, una batuta

que amb l’amor per la música s’inflama.

Cada día somou el pentagrama

i reviva la nota més eixuta.

Ferran de Mora, el músic més fidel

dels que arrelen profunda alcoiania,

perqué el cor el té gran, plé d’harmonía

i a la Vella ha donat el seu anhel.

El poeta Joan Valls Jordà (Alcoi, 1917-1989)
El poeta Joan Valls Jordà (Alcoi, 1917-1989)

D’on has tret eixa força, eixa destresa

treballant pacientment, l’ ànima encesa

per una voluntat sense desgana?

De dir este secret ja toquen hores,

perqué al teu espèrit sempere atresores

el tremp de nostra música alcoiana.

II

Un formigueig de notes l’enamora

en simetria de paper pautat,

i així descanses de l’activitat

que et mou la quotidiana llançadora.

Entre lira i teler un fat combina

l’alé romàntic i treballador,

i afegixes al seny del teixidor

la fe d’un art que dona llum divina.

I Alcoi sona al teu cor com la campana

que sempre t’ha animat lluïnt la ufana

volença i el respecte fraternal.

Ferran de Mora, mestre en excel.lència;

t’has crescut en la càlida cadéncia

d’una antiga mareta musical.

III

Al xic li has explicat qué són les claus,

el valor de les notes, l’armadura,

tot el món complicat que s’estructura

en eixe art infinit. I no decaus.

I cada día ensenyes pacientment,

rodejat per l’estímul infantil.

i oferixes un goig cara a l’atril

per si volen triar ja l’instrument.

Sempre rejovenint ilusió viva

de millorar la banda Primitiva

musicant-li optimisme a la llavor.

Els anys passen. I rics de melodies

quedaran els records d’eixos grans dies

en la dolça enyorança d’un amor.

IV

Si els meus versos no adornen l’homenatge

com mereixes, perdona a qui també,

ademés de fer versos, al cor té

un tret de musical aprenentatge.

De xic oint-te a tu m’embadalia:

quina modulació, quina dolcesa,

la del teu clarinet cantant bellesa

i posant emoció a la melodia!

Sempre et vaig vore mantenint la flama,

guarnint noblesa sobre el pentagrama,

la constància fecunda com escut.

El fruit que tu has donat en fets perdura,

i hem de vore per sempre en la figura

a qui forjar bons músics ha sabut.

JOAN VALLS JORDÀ

 

 

La Primitiva en 1973 con Mora Carbonell al frente (Foto: Carlos Coloma) (Archivo: Fototeca Municipal)
La Primitiva en 1973 con Mora Carbonell al frente
(Foto: Carlos Coloma) (Archivo: Fototeca Municipal)

UN PRODUCTO DE LA BANDA PRIMITIVA

RAFAEL COLOMA PAYÁ¹

 Nos hemos reunido aquí para rendir a un hombre cordial homenaje de simpatía, respeto, amistad y gratitud. El hombre es paisano nuestro, está en la recta final de su vida, se llama Fernando de Mora Carbonell. ¿Son bastantes todas estas particularidades para justificar la presencia aquí de todos nosotros? No, algo de mucha más fuerza nos indujo a ello.

 En el carnet de nuestro hombre leemos que cuenta 77 años de edad, de los cuales, y esto es importantísimo y edificante, 48 los rindió al trabajo de ganarse cotidianamente el pan con el sudor de su frente en una misma empresa, y 65, a la tarea deleitosa de alimentar su alma con el pasto angélico de la música. No es fácil encontrar, así como así, patrones o arquetipos de fidelidad tan ostensiblemente constatada, cuando, por contra, cada día parece abundar más entre nosotros la doblez, la veleidad, el egoísmo y la ingratitud. Cada flor tiene un color y lleva adjudicado un símbolo; la violeta, el morado de la humildad; la azucena, el blanco de la pureza; el amaranto, el carmesí de la inmortalidad. ¿Cuál de ellas elegiremos para ofrecer, esta mañana y aquí, a nuestro hombre?

Rafael Coloma Payá (Alcoi, 1912-Millena, 1992)
Rafael Coloma Payá (Alcoi, 1912-Millena, 1992)

 Muchas de las actitudes, reacciones o comportamientos que adoptamos en la vida, las debemos a quienes nos dieron el ser, ejercieron magisterio sobre nosotros o rodearon de amistad nuestras andaduras. Y en este aspecto podemos decir que nuestro hombre es un producto de la banda Primitiva. Qué duda cabe que tuvo unos maestros insignes que le enseñaron las técnicas del papel pautado, la práctica de los instrumentos; pero los ingredientes con que aderezar su vida, hasta hacerla necesaria para la banda Primitiva, se los dio la propia banda Primitiva. Aquí lo de García Lorca “Viva moneda que nunca se volverá a repetir”. Que no se volverá a bisar, seguro, no volverá a alumbrar la Primitiva, del seno de la corporación, otro músico que le sea fiel duramte 65 años ininterrumpidamente, contados día por día. La Banda Primitiva moldeó a nuestro hombre, como preparándole para las emergencias que pudieran advenir. Tuvo nuestro hombre, en la Banda Primitiva, un rimero de experimentados maestros, de quienes sorbió todo lo necesario para ser centinela y guardián de la centenaria corporación musical, llegado el caso, como así ocurrió. José Seva, Antonio Pérez Verdú, Camilo Pérez Laporta, Julio Laporta Hellín y Camilo Pérez Monllor, llenan un período de la banda que va desde 1909 a 1933. Y llegados aquí se produce en La Primitiva un trauma: la sucesión ininterrumpida de conductores de la corporación, hijos de Alcoy, sufre un corte y no hay más remedio que echar mano de directores foráneos, porque la opulenta cosecha de casa parece haberse agotado. Y es entonces cuando nuestro hombre interviene, cuando hay que echar mano de nuestro hombre para salvar la delicada situación: subdirector ya de la banda en 1929, se le ofrece la dirección en 1939, acabada la contienda fratricida, y a marchar. ¿Había terminado en verdad la hornada de maestros directores en la Primitiva? Puede que sí, pero de momento allí restaba Fernando de Mora, por cuya mente jamás había pasado la idea de ocupar el pódium de la banda, mas las circunstancias exigían que capitanease la nave. Y nuestro hombre dio un paso al frente y a aguantar se ha dicho el palo de una vela antigua que no le era ajena, antes bien, propia y muy propia, tan propia que no podría en conciencia abandonarlo ya como no le jurasen y perjurasen que había de caer en buenas manos, lo que se ha producido hace unos cuantos meses. Y entonces nuestro hombre vuelve a quedar en retén, ocupándose a diario, en la penumbra de la estancia en ensayos de la banda, cabe una sencilla mesa de piano, en copiar partituras, releer paginas de quienes fueron sus maestros y enseñar solfeo al que no sabe.

 De nuestro hombre no puede decirse que compuso esto y lo de más allá, no podemos echar mano de lo que normalmente suele echarse mano a la hora de las incensadas, apenas su “curriculum vitae” no dice nada más que eso espartano de 77 años de edad, 45 de trabajo ante un telar y 65 recreándose con la música. Pero sí puede decirse, y cabe decirse, que como una solícita y cariñosa madre cuidó de La Primitiva, de ese ente llamado La Vella, talmente como si su hija fuera. 35 años al frente de la banda es quizás la más larga regiduría directoral que registre la crónica de las entidades musicales de Alcoy. Justo es pues que todos los músicos de La Primitiva, y los socios de Apolo, y los de la filà Abencerrajes, y los directores y profesores de las corporaciones musicales y artísticas, y cuantos tienen la música como pasto espiritual de sus almas, rindamos hoy a nuestro hombre esta viva muestra de admiración justiciera.

 ¿Había hablado antes de las flores y los símbolos? Pues bien, para entregarle a Fernando de Mora, en nombre de todos vosotros, yo elegiría el amaranto, no porque simbolice la inmortalidad, que aquí nadie es nadie en esta tierra de nadie que pisamos de camino para la tierra de promisión, sino sencillamente porque es flor que nunca se marchita. Y en esto sí quiero hacer hincapié. En que esta flor que componemos hoy todos nosotros, aquí y ahora, con nuestra devoción y nuestros aplausos al maestro Fernando de Mora, no se marchite jamás, antes al contrario, que mañana, que pasado mañana y al otro, el amaranto del entusiasmo por la música legítima de nuestro puebl, a cuya causa y servicio ha estado la vida entera de Fernando de Mora Carbonell, permanezca vivo y fragante en el corazón de todos.

(¹) Rafael Coloma fue escritor, periodista y político. Fundador, junto a otros, del partido Falange Española, participa en las detenciones de gente acusada de colaborar con la República al final de la Guerra Civil. Fundador del periódico Ciudad en 1953 y escritor muy fecundo destacando la biografía de Juan Cantó “Juan Cantó, artista muy laborioso”, su autobiografía “La espiga de oro”o “Los episodios alcoyanos de la guerra de España 1936-1939”. Combatiente de la División Azul. Archivero de Alcoy.

 

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