Amando Blanquer homenajea a la música festera alcoyana: “Una dècada sense Blanquer” (II)

 CabeceraEste escrito fechado en 1973 del maestro Blanquer, que publicó la Revista de Fiestas de aquel año, constituye un homenaje a los grandes de la música alcoyana que, a pesar de sus influencias y simpatías por ciertos movimientos musicales, supieron alearlas al folklore y a las características de la música para fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy. En los años en que Blanquer escribe este artículo, es nombrado un par de años antes director del Conservatorio de Valencia hasta 1976, estrenando allí su Divertimento giocoso para quinteto de viento en 1972. Un año después, compone y estrena Cuaderno de Monóvar (Homenaje a Azorín) para cuarteto de cuerda que estrena el Cuarteto Clásico de RTVE.

HOMENAJE

Nadie que conozca nuestras fiestas de moros y cristianos ignora la importancia que en ellas tiene la música: fiesta y música, música y fiesta, son dos cosas que se funden en un solo elemento hasta tal extremo que, la música, a través del tiempo y con la evolución lógica experimentada con las aportaciones de los compositores alcoyanos que hemos sentido la llamada de la “festa”, ha llegado a constituir la base de los datos, determinando, inequívocamente, el carácter de todos y cada uno de ellos, así por ejemplo, tenemos música para la diana, para las entradas de cristianos, y porque no decirlo, para los actos religiosos. Mi marcha Alcoy llora, que se estrenó sin título, y un fatal accidente me movió a dedicarla a todos los que en él perdieron la vida, está inspirada en la singular Procesión General del día del Santo Patrono.

 Todas estas músicas son diferentes entre sí. Hoy día, tal y como ha evolucionado la sensibilidad del “fester” y del pueblo alcoyano en relación con las fiestas, nadie aceptaría una marcha mora para la diana o un “pasodoble torero” para la entrada de moros. Y es que, con los años, nuestra música se ha definido por completo, llegando a representar lo mejor del espíritu y la idiosincrasia del pueblo alcoyano. No olvidemos, que juntamente con la pintura, constituye la constante más importante de nuestra historia artística.

Foto de José Crespo Colomer que ilustra el artículo de Blanquer en la Revista de Fiestas de 1973
Foto de José Crespo Colomer que ilustra el artículo de Blanquer en la Revista de Fiestas de 1973

 Esta música “festera” no dudaría en calificarla de “racial” y creo que el término no es demasiado aventurado. Nuestro pueblo, me parece haberlo dicho en alguna otra ocasión, posee un sentimiento de la vida en común y de la responsabilidad social que ello entraña, poso frecuente y que le sitúa en cimas privilegiadas dentro del contexto político y social español. Qué duda cabe de ello es consecuencia de los siete siglos de industria que pesan en nuestro subconsciente. Por eso nuestras fiestas son, ante todo, comunicación entre los hombres, no al estilo alegre y desenfadado que toda fiesta entraña, sino con la responsabilidad de sentirse para sí y para los demás, elemento fundamental, inequívoco, que si bien lo temporal está supeditado a representar determinada actitud, en lo espiritual está encarnando ese sentimiento que tan profundamente arraigado está en el pueblo alcoyano. A través de estos desfiles marciales o nostálgicos, los hombres se comunican entre sí, no con la palabra, sino con el ritmo corporal, sentimiento y afectividad, como si de un solo hombre se tratara. No es casual la unión de hombro con hombro, como tampoco lo es el contacto entre mano en la sardana catalana. A través de esta unión, se transmite esa corriente de simpatía que caracteriza les “filaes”. De ahí la importancia que tiene la calidad de las músicas que se interpretan en los actos oficiales.

 Sé que este problema es difícil de comentar, porque ello supondría contratar buenas bandas y las “filaes” no siempre disponen de adecuado presupuesto, pero aún poseyéndolo, mucho me temo que estas agrupaciones aceptaran el durísimo “match” que supone el repetir doce, trece o más veces ininterrumpidamente, la misma pieza. La costumbre se hace ley y las bandas que, año tras año, amenizan los actos de las fiestas, además de conocer el “repertorio”, saben incluso el lugar en que hay que empezar y hasta donde no deben cesar de tocar.

Funeral por las víctimas del accidente del autobús Alcoi-Valencia acaecido el 25 de Abril de 1955 a las que Amando Blanquer dedicó su "Alcoy llora"
Funeral por las víctimas del accidente del autobús Alcoi-Valencia acaecido el 25 de Abril de 1955 a las que Amando Blanquer dedicó su “Alcoy llora”

Y puesto que, hoy por hoy, el aspecto muscial de la “festa” descansa, por lo general, en estas modestas agrupaciones bandísticas, bueno sería cuidar la calidad de las músicas que ejecutan. Si tenemos en consideración lo dicho sobre el carácter del pueblo alcoyano, veremos que las melodías de giro orientalizante, la fórmula rítmica a ultranza, o los pasodobles toreros, son disfraces que no concuerdan con nuestra peculiaridades. Y ejemplos en abono de nuestro criterio no faltan. Ahí están las magistrales piezas que nos legaron los Barrachina, Blanes, Cantó Francés, Carbonell García, Espí, Laporta Hellín, Pérez Monllor (Don Camilo), Seva, entre otros, en los cuales, al menos en las que tuve el placer de estudiar hace ya algunos años, no aparecía ningún ingrediente extraño a la música netamente alcoyana, es decir, tanto si los motivos de inspiración los cosechaban en el folklore musical alcoyano como Carbonell y Pérez Monllor (Don Evaristo); de la música marcial:  Laporta Hellín, Pérez Monllor (Don Camilo), Seva; de la música con reminiscencias teatrales: Barrachina, Cantó, Espí; como de la música basada en determinados fundamentos estéticos (impresionismo) Blanes. En todos y cada uno de los casos, la música siempre parece un valor que supera en mucho las necesidades, a simple vista elementales, de marchas que llevan inherentes los actos de nuestras fiestas. Y ello es realmente emotivo y muy significativo, porque revela el enorme amor que nuestro desaparecidos compositores, sentían por las cosas de Alcoy. Por insignificantes que fuesen, su mano maestra, las dignificaba y elevaba a rangos artísticos envidiables.

 Y es que el instinto de nuestros compositores presentían, con inequívoca exactitud, las grandes posibilidades que ofrecía musicalmente nuestras fiestas. Lo que depositaron en el papel pautado no sólo eran notas fácilmente descifrables, sino mensaje revelador de la profundidad humana del pueblo alcoyano. Ellos y la Asociación de San Jorge son quienes han hecho posible el brillante florecimiento de nuestras fiestas. Hagamos nosotros, modestos músicos, para que la antorcha no se apague, sirviéndola con el lenguaje de nuestro tiempo, no con músicas estereotipadas, sino salidas de nuestra complejidad humana más radical y sincera, y la Asociación de San Jorge, con su proverbial celo, que estimule la producción de auténticas partituras, con categoría de arte, para unas fiestas de moros y cristianos cada vez mejores y más universales. la música puede abrir el camino.

AMANDO BLANQUER PONSODA

 

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